Los animales son parte de la clase trabajadora (resumen)

Rompiendo con las fuertes críticas que tratan de establecer distinciones entre el trabajo de las humanas y el del resto de animales, este libro narra la historia de esclavitud, conciencia y resistencia de estos últimos, buscando crear un nuevo vínculo entre ellos y nosotras. Es innegable la relevancia de estos trabajadores para la creación del mundo en el que vivimos: han producido, construido y transportado tanto o más que las humanas. Por ejemplo, tras trabajar durante años en carruajes y deseando encontrar por fin una jubilación, los caballos eran vendidos a granjeros o establos que, una vez más, les enviarían a labrar a las ya masificadas calles.

En un intento de analizar la situación de los animales, se les ha considerado mercancías por y para nuestro beneficio, siendo esta una visión desde arriba que les reduce a objetos, a víctimas estáticas que no sienten ni se resisten.

En cambio, en este texto se explica detalladamente la gran resistencia que han ejercido durante siglos. Esta ha sido la principal causa de la creación de nuevos métodos para impedir su huida, su violencia, su oposición para seguir llevando a cabo una función impuesta. También fue ésta, entre otras razones, la que, finalmente, provocó su reemplazo por máquinas en la mayoría de ámbitos. Es aquí donde nos percatamos de que, a pesar de que su producción sea invisible para nosotras, esta se convierte en visible cuando no se realiza: al igual que sucede con las humanas.

Son participantes activos en el proceso de trabajo, por ello necesitan educación para ser gobernables y productivos. Necesitan adoctrinamiento para no luchar contra el sistema que les esclaviza, tal y como lo necesitamos nosotras. “Lo que denominamos natural, es evidentemente artificial y pertenece a la educación: ningún caballo de buen corazón fue siempre manso o suave sin entrenamiento”.

Por tanto, observamos que vacas, pollos, cerdos, caballos… Tienen algo en común: durante mucho tiempo han sido miembros de la misma clase. Trabajan para las humanas, son tratados como propiedades, no constan de salario y tienen que trabajar de manera colaborativa. Pero también pueden colaborar para resistirse a su trabajo. Estas acciones colectivas, tanto en el trabajo como contra él, son el auto-reconocimiento y la autorrealización de una relación de clase.

La relación con estos animales, que habían sido meras mercancías hasta el inicio del capitalismo, comienza a cambiar. Se propicia una división del trabajo que, por un lado, coloca a las humanas y a los demás animales juntos como una misma mano de obra, pero al mismo tiempo intenta crear una separación clara en cuanto a tareas, derechos y estatus. Hoy en día esa separación es mantenida hasta tal punto que el trabajo de los demás animales ya no se considera dentro del mismo marco que el trabajo humano. La granjera que esclavizaba a los animales ya no controla el modo y el ritmo de producción. La plusvalía, anteriormente sólo extraída de la vaca, ahora se extraía de las dos. La vida fue reducida al trabajo.

Ésta, por tanto, es la historia desde abajo. Al contrario que la anteriormente señalada, no es una teoría. Es una metodología o forma de análisis. Es una inversión de la perspectiva del capital y reconoce a los animales como sujetos, y no como objetos como la visión anterior. Busca su liberación y no su bienestar dentro de su explotación y su reconocimiento como clase trabajadora y no sólo como mercancías de esta última.

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